Pese a los aires triunfales con que Washington anunció la operación contra Osama bin Laden, pronto surgió un batallón de incrédulos que insisten, imperturbables, en que el líder de Al Qaeda no está muerto, o al menos, en que la muerte no se produjo tal y como la contó la Casa Blanca.
El discurso del presidente Barack Obama fue rotundo pero ¿Cómo pudo vivir el hombre más buscado del mundo en una mansión a las afueras de Islamabad durante años sin ser encontrado?. ¿Por qué tanta prisa en tirar su cuerpo al mar?. Y, sobre todo, ¿por qué se ha decidido no publicar la fotografía de su cadáver?.
De poco sirvió que la propia red terrorista Al Qaeda confirmará el viernes la muerte de su líder.
Para muchos otros, el líder terrorista fue asesinado hace años y permanece congelado en algún lugar del mundo.
Se trata de un fenómeno tan "fascinante" como "preocupante".
El hecho de que no haya cuerpo, de que éste fuera arrojado al mar, es el "ingrediente perfecto",para sazonar una teoría conspiratoria, que, una vez cocinada y reposada, tiene el potencial de durar "décadas".

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